Las palabras y la vida Romance
del prisionero Alberto Martín Baró
Hay un hermoso romance que data de entre los siglos XIV y
XV y se conoce como Romance del
prisionero, del que yo he creído durante mucho tiempo que era debido a la
pluma de José de Espronceda, cuando en realidad se trata de una obra anónima.
Pero no es la autoría de este romance la que me mueve a
tratar del mismo en mi blog de esta semana, sino sus dos primeros versos, que
rezan así:
“Que
por mayo era por mayo,
cuando
hace la calor”.
Nos hemos estado quejando el pasado mes de mayo por el calor que nos parecía insólito en este mes. Y esos dos primeros versos del Romance del prisionero, escrito como he dicho entre los siglos XIV y XV, demuestran que las altas temperaturas no son desacostumbradas en el mes de mayo.
Una vez expuesto el motivo de tratar de este romance en
mi blog, me parece de justicia poética reproducir el texto entero de este precioso
escrito anónimo.
“Que
por mayo era por mayo,
cuando
hace la calor,
cuando
los trigos encañan,
y
están los campos en flor,
cuando
canta la calandria
y
responde el ruiseñor,
cuando
los enamorados
van
a servir al amor;
sino
yo, triste, cuitado,
que vivo
en esta prisión;
que
ni sé cuándo es de día,
ni
cuándo las noches son,
sino
por una avecilla
que
me cantaba al albor.
Matómela
un ballestero,
dele
Dios mal galardón”.
Nada tiene de extraño que un cantautor como Amancio Prada incluyera este bello romance en su repertorio. Y que el gran compositor Joaquín Rodrigo se sirviera de este lamento de un prisionero que mide su tiempo por la realidad exterior para componer en 1950 su Romancillo para voz y piano.
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