28 de febrero de 2026

Don Juan Carlos, el rey que trajo a España la democracia

 Las palabras y la vida Alberto Martín Baró
"Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias. Los reyes no se confiesan. Y menos públicamente. Sus secretos permanecen sepultados en la penumbra de los palacios. ¿Por qué le desobedezco hoy? ¿Por qué he cambiado de opinión? Porque siento que me roban mi historia".
Reconciliación es el título del libro publicado por Don Juan Carlos, en el que relata con detalle la parte privada de una vida pública. Un recorrido que empieza en un país inmerso en una guerra cainita y con un joven Juan Carlos anclado a un destino que no le pertenece, pero que poco a poco, eludiendo mil complots y ganándose la confianza de unos y otros acaba convirtiéndose en el actor principal de la transformación radical de España en el estado moderno y próspero que es hoy.
La obra navega entre dos exilios que marcan el principio y el final de su vida: el obligado en Estoril y el voluntario en Abu Dabi.
"No tengo derecho a llorar". Pero sí tiene derecho a buscar su anhelada reconciliación con el país que tanto ama y añora. 
No olvidemos que Don Juan Carlos estaba destinado a ser el sucesor de Franco y del régimen franquista. Su padre, Don Juan de Borbón, no se opuso a este papel de su hijo Don Juan Carlos en la España posterior a la Guerra Civil. Es mérito personal de su hijo dirigir la transición de España a una democracia moderna, una España cuya población votó el 6 de diciembre de 1978 mayoritariamente la Constitución que todavía hoy rige nuestros destinos, a pesar de los intentos de separatistas e independentistas, incluso del propio gobierno de la nación, de socavar los principios constitucionales.
Ha sido una constante en la vida de Don Juan Carlos que otras personas, fueran familiares o no, tomaran decisiones por él. Era obvio que, siendo niño, su padre Don Juan de Borbón decidiera el curso de su vida.
Hubo un episodio en la infancia de Juan Carlos en el que, jugando con su hermano Alfonso de Borbón y Borbón, el 29 de marzo de 1956 en Villa Giralda, se le disparó el revólver con el que jugaban y la bala alcanzó a Alfonso en la cabeza causándole la muerte de forma instantánea. Este episodio trágico afectó profundamente a Don Juan Carlos, que nunca olvidó aquel trágico accidente.
En el libro titulado Reconciliación el propio Don Juan Carlos declara: "Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias. Los reyes no se confiesan y menos públicamente. Sus secretos permanecen sepultados en la penumbra de los palacios. ¿Por qué le desobedezco hoy? ¿Por qué he cambiado de opinión? Porque siento que me roban mi historia".
Reconciliación relata con detalle la parte privada de una vida pública. Un recorrido que empieza en un país inmerso en una guerra cainita y con un joven Juan Carlos anclado a un destino que no le pertenece, pero que paso a paso, eludiendo mil complots y ganándose la confianza de unos y otros, acaba convirtiéndose en el actor principal de la transición gracias a la cual España es el estado moderno y próspero de hoy día.
El 6 de diciembre de 1978, el proyecto de Constitución fue ratificado en referéndum por el 87:87% de los españoles.
El23 de febrero de 1981, el intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Tejero de la Guardia Civil nos ha traído a la memoria la decisiva actuación del rey Don Juan Carlos, quien con su discurso por televisión desactivó el golpe.  
Con ocasión de la reciente desclasificación de numerosos archivos históricos, se ha abierto el debate sobre el regreso de Don Juan Carlos a España. Ni el gobierno ni la Casa Real se oponen a esa vuelta. La única condición que pone la Zarzuela es que el rey emérito se ponga al tanto en el pago de los impuestos que rigen en España. En Abu Dabi la presión fiscal es mucho menor que en España.
En mi opinión, hay que dejar que sea el propio rey emérito quien tome la decisión de regresar a la patria que tanto ama y pueda habitar en la Zarzuela, donde ya vive su esposa Doña Sofía. 
 

22 de febrero de 2026

La Estela de Oro de las Letras Cántabras

 Las palabras y la vida Alberto Martín Baró

Angelina Lamelas Olaran cuenta en su ya larga trayectoria como escritora con una serie de importantes galardones literarios, a los que este año de gracia de 2026 ha venido a sumarse el premio con cuyo nombre encabezo este blog: la Estela de Oro de las Letras Cántabras.

La Estela de Oro es el máximo reconocimiento que la Sociedad Cántabra de Escritores concede todos los años el 19 de febrero, festividad de San Beato de Liébana, a aquellos escritores y escritoras montañeses por nacimiento o vocación que han sobresalido por su obra literaria, científica o de investigación.

Está considerado el Cervantes de las Letras Cántabras y en la larga lista de autoras y autores premiados merecen citarse los nombres de Francisco González de Posada, ingeniero, científico y humanista, que recibió el premio el año 2025; José Ramón Saiz Viadero, periodista e investigador, a quien le fue entregada la Estela el año 2024; José María Pérez “Peridis”, arquitecto, humanista y escritor, premiado don la Estela en 2023; y Pedro Crespo de Lara, jurista y escritor, que recibió la Estela en el año 2021. 

La investigadora cántabra Maria Ealo de Sá, fallecida en 2025, figura clave en la defensa de la cultura y el patrimonio regional, que compartió más allá de nuestras fronteras, fue distinguida con la Estela de Oro en 2020. 

La celebración de la entrega de la Estela de Oro ha tenido lugar este año en el Teatro Municipal Concha Espina de Torrelavega y el acto ha estado precedido y acompañado de una serie de lecturas de textos de ilustres personajes montañeses.

La Coral de Torrelavega, dirigida por Manuel Egusquiza y acompañada por su pianista titular Virginia Martínez, tuvo tres brillantes intervenciones a lo largo de la celebración, además de interpretar el Himno de Cantabria como colofón del acto.

Centrándome en Angelina, días antes de la entrega de su premio tres alumnos del colegio de los Sagrados Corazones de Torrelavega la visitaron en su casa familiar de Santander para entregarle unos preciosos escritos con dibujos suyos.

En el acto de la entrega de la Estela de Oro este año, Angelina Lamelas pronunció las siguientes palabras:

“Querida presidenta, excelentísimo consejero, querido alcalde de la ciudad de Torrelavega, admirada Sociedad Cántabra de Escritores, autoridades, familia… hermanos montañeses todos.

Me reconocéis hoy con esta preciosa Estela de Oro como escritora montañesa, y es un honor, porque siempre quise ser lo más literario que hay: santanderina de Puertochico, de balcón frente a la bahía, de madre cántabra por los cuatro costados, hermana de diez Lamelas de Castelar e hija de un padre cardiólogo, fundador de nuestro hospital de Valdecilla.

Con vuestra generosidad y una Estela, hoy reconocéis a aquella niña a la que las monjas de las Esclavas descubrieron la vocación literaria. Y yo me reconozco en la Montaña y en la bahía, en la pleamar y en cada ola del mar de mi infancia.

Me reconozco en todos los que me han precedido, en la Isla de los Ratones de Manuel Arce, en el cielo raso de Álvaro Pombo, en la libertad crítica de Crespo de Lara y en el docto ingenio humanista de Camus y González de Posada.

Aunque foramontana por amor, me reconozco, querida presidenta, en Cantabria y, cuando repaso mi obra, veo a nuestra tierra en cada cuento, cada poema, cada verso y cada idea. Igual que veo la presencia constante de quebrantas, raqueros, peredas y machinas, que siempre están ahí, aunque a veces con otro nombre.

Y me reconozco, como otra fuente de amor a la Montaña, en la obra de mi bisabuelo, Ricardo Olaran Álvarez, autor de Leyendas montañesas y profesor de Menéndez Pelayo.

Un hermoso óleo de mi bisabuelo, al que también debo el don de la escritura, me acompaña desde hace décadas en mi casa madrileña, rodeado de cuadros de mar y de Castelar.

Su retrato está pintado con la técnica del efecto Mona Lisa y sus ojos te buscan desde dondequiera que le mires. Y por eso hablo con él, porque le veo vivo.

Hace unos días le dije a mi bisabuelo, en confidencia, que nuestros compatriotas de la patria chica me habían concedido la Estela de Oro de las Letras Cántabras. Y brindamos.

Mi nieta más pequeña, Ángela Fúster Soroeta, me ha preguntado que cómo brinda un óleo. Y yo le he contestado que con el corazón.

Que es el mismo órgano con el que hoy os doy mis más montañesas gracias por esta Estela.

Y abrazada a ella, con una vida casi entera, acabo con un ruego: que haya más hijas de nuestra Cantabria que escriban de ella y para ella.

Gracias con toda el alma”.

El aforo del Teatro Municipal de Torrelavega Concha Espina estaba completo, entre autoridades, familiares y público en general, y el autor de este blog se considera muy honrado y emocionado por compartir con su esposa la primera fila de butacas.

  

 

 

 


15 de febrero de 2026

Los nombres y la memoria

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Tenía ya escrito el blog de esta semana, en el que trataba de los nombres y la memoria, cuando al guardarlo lo he borrado.

He utilizado varios criterios de búsqueda, sin resultado positivo. Así que tengo que volver a escribirlo.

Comenzaba aludiendo al anuncio que el diario ABC del viernes 13 de febrero hacía de los autores que el domingo 15 de febrero, o sea hoy, volverían a escribir en ABC: Azorín, Camba, Campmany, Mingote, Ussía, Marías, Cossío, Zabala, Maeztu, Foxá, Pemán, Luca de Tena, Corrochano, Cándido, Calvo, Castelo, Sánchez Mazas, Machado, Muñoz Seca, Mihura, Marquerie, Juan Ramón, Martín Ferrand, Alberti, Fernández Flórez, Miquelarena, Paz, Ortega Munilla, Carrascal, Summers, Cela, Carabias, Semprún, Casanova, Burgos, Ansón, Ruano, Baroja, Vargas Llosa, K-Hito, Parada, Velarde, Neville, Giraldillo, Benavente, Torrente Ballester, De la Serna.

 No he tenido tiempo de comprobar en el ejemplar del periódico de hoy si esos autores han vuelto a escribir en ABC.

No aparecía en esa nómina de autores mi padre Francisco Javier Martín Abril, que colaboró en la tercera de ABC no sabría decir el número de veces y que fue Premio Mariano de Cavia en 1941.

Los nombres de todos esos grandes autores me daban pie para hablar de la importancia que tienen los nombres en la configuración de la memoria.

No tema el lector de este blog que transcriba los nombres que aparecen en las listas de mi wasap, lo que desbordaría los límites de estos escritos míos, pues superan los quinientos.

Cuando el personaje del wasap incluye su foto, me es posible identificarle fácilmente.

Tengo otros listados de nombres de los tiempos en que yo dirigía la tertulia “El libro del mes” en El Espinar. Así bajo el epígrafe “Correo colectivo de la tertulia”, aparece la lista de los correos electrónicos de los participantes en esas reuniones, que actualmente coordina con acierto Ana G. Novac.

Si a los nombres de estas actividades mías literarias actuales se unieran los acumulados en los estudios y lecturas a lo largo de mi ya larga vida me sería imposible dar una cifra siquiera aproximada de los mismos.

En efecto, tantísimos nombres se acumulan en mi memoria o me salen al paso en mis lecturas o al oír las noticias de los telediarios que me resulta imposible ponerles cara o identificarlos de algún modo.

Pero los nombres tienen una gran importancia en la configuración de la memoria. Cuando hablo con mis nietos mellizos de 13 años les pregunto por los nombres de sus familiares, amigos y profesores, que van configurando su memoria.

Sí, la memoria se sustenta en nombres y experiencias, que aumentan con los años.

Agradezco a los autores de artículos y crónicas de cualquier medio de comunicación que, al hablar de un determinado personaje, no se limiten a mencionar su nombre, sino que incluyan también su nacionalidad y fecha de nacimiento para poder identificarlo y albergarlo en el correspondiente nicho de mi memoria.

 

8 de febrero de 2026

Evolución de las redes sociales

Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

En mi libro Cómo hablamos y escribimos, cuya publicación data del año 2012, dedico un capítulo a “Las redes sociales”.

No soy un experto en estos medios de comunicación y de expresión, pero sí he asistido a su evolución desde grupos de comunicación como Tuenti, Twitter o Facebook, en los que sus miembros intercambiaban mensajes, opiniones, comentarios, noticias, impresiones, emociones…, hasta las plataformas My Space actuales abiertas a cualquier usuario que en ellas quiera expresar sus pensamientos y hasta sus insultos.

Comentaba yo en el citado libro que amigos y conocidos me invitaban a unirme a grupos como Facebook, a lo que yo me negaba por una sencilla razón: si ahí daba a conocer mis opiniones y comentarios, ¿qué dejaba para los artículos que por entonces publicaba en la prensa y hoy sigo incluyendo en el blog que cuelgo en la red todas las semanas?

La polémica se ha suscitado en la actualidad por el intento del Gobierno de censurar o incluso prohibir el acceso a las redes sociales, en especial a los menores de edad, bajo el pretexto de salvaguardar su moralidad.

Claro que los niños están expuestos en las redes sociales a contenidos pornográficos. Pero a estos también pueden acceder a través de los móviles, que cada vez poseen y manejan a menor edad.

A mí me parece que tanto el uso de los móviles como el acceso a las redes sociales y otras plataformas informáticas de los menores es un problema de educación y vigilancia por parte de los padres y educadores, problema que no se resuelve con la sola prohibición.

Es triste asistir actualmente al uso de las redes sociales por adultos para verter sus opiniones políticas descalificando o hasta insultando al oponente. Hay expertos en la descalificación y el insulto al adversario político o ideológico.

Las redes sociales y en general los medios informáticos de comunicación han experimentado una increíble evolución desde aquellos primeros SixDegrees.com, Friedster y Linkedin.

El actual Gobierno pretende solventar con prohibición y censura los problemas que pueden suscitar las redes sociales como cualquier otro medio de comunicación.

Terminaba yo el capítulo dedicado en el citado libro a las redes sociales con esta defensa de la comunicación:

“Con ocasión y sin ella defendamos apasionadamente la palabra, la comunicación, la libertad de expresión. Hablemos, comuniquémonos, expresemos libremente nuestras ideas, por las redes, por teléfono, por los mensajes de los móviles, por el correo electrónico, por videoconferencia, por las olvidadas cartas.

Y, siempre que podamos no nos privemos del placer de conversar cara a cara con aquellos a quienes queremos y nos honran con su amistad, aunque no seamos ‘amigos’ en Facebook”.

Sigo pensando y defendiendo lo mismo.

 

 

1 de febrero de 2026

El síndrome confusional agudo

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Ante mi estado de confusión acompañado de vómitos, la pasada noche del 23 de enero mi mujer se alarmó y llamó por teléfono a su hijo menor Jose, quien con su esposa Susana me llevaron inmediatamente a urgencias del madrileño hospital de la Princesa.

Este hospital es bien conocido por mí, pues en él recibo todos mis tratamientos, pero nunca había sido ingresado inconsciente en urgencias.

Sin hacernos esperar, a mí me tumbaron en la cama de un box, mientras Jose me acompañaba de pie al lado, hasta que después de bastante tiempo le facilitaron una silla.

Empezaron a desfilar por mi box toda suerte de médicos, que trataban de hacerme reaccionar a sus preguntas sobre cómo me llamaba, en qué día, mes y año estábamos, sin que yo fuera capaz de responder. Todo esto lo sé por habérmelo contado después Jose , pues yo seguía inconsciente.

Sí recuerdo haber pasado mucho frío y haberme orinado varias veces en el pañal que me habían puesto.

Me dieron el alta a la mañana siguiente a las 11:33, como puedo ver en el informe clínico. A esta hora ya me di cuenta de que vino a buscarme una ambulancia que me trasladó hasta mi casa y en una camilla me subieron hasta mi piso.

Para colmo de circunstancias adversas, mis hijos Guillermo y Gabriela, que viven en El Espinar y San Rafael respectivamente, no habían podido venir antes a relevar a José y echar una mano, aislados por la nieve.

Cuando pasado el trance hospitalario rememoro ahora todos estos detalles, no puedo por menos de agradecer a mi familia y a los especialistas médicos, enfermeras y auxiliares del hospital sus desvelos.

Me da vergüenza tener a tantas personas pendientes de mí y ayudándome. Una vez más quiero dejar constancia del excelente tratamiento profesional recibido en la sanidad pública.

En un tono más pesimista me vienen a la memoria aquellas palabras del Génesis (versículos 47:9): “Pocos y amargos son los días del hombre sobre la tierra”. En términos semejantes se lamentaba el Santo Job (14:1): “El hombre, nacido de mujer, es corto de días y lleno de sinsabores”.

En contraposición a estas amargas reflexiones bíblicas, me acojo al cariño y desvelo de mi familia y a la dedicación de médicos y profesionales de la sanidad pública, confiando en que “El “síndrome confusional agudo” no vuelva a repetirse.