28 de febrero de 2026
Don Juan Carlos, el rey que trajo a España la democracia
22 de febrero de 2026
La Estela de Oro de las Letras Cántabras
Las palabras y la vida Alberto Martín Baró
Angelina Lamelas Olaran cuenta en su ya larga trayectoria como escritora con una serie de importantes galardones literarios, a los que este año de gracia de 2026 ha venido a sumarse el premio con cuyo nombre encabezo este blog: la Estela de Oro de las Letras Cántabras.
La Estela de Oro es el máximo reconocimiento que la Sociedad Cántabra de Escritores concede todos los años el 19 de febrero, festividad de San Beato de Liébana, a aquellos escritores y escritoras montañeses por nacimiento o vocación que han sobresalido por su obra literaria, científica o de investigación.
Está considerado el Cervantes de las Letras Cántabras y en la larga lista de autoras y autores premiados merecen citarse los nombres de Francisco González de Posada, ingeniero, científico y humanista, que recibió el premio el año 2025; José Ramón Saiz Viadero, periodista e investigador, a quien le fue entregada la Estela el año 2024; José María Pérez “Peridis”, arquitecto, humanista y escritor, premiado don la Estela en 2023; y Pedro Crespo de Lara, jurista y escritor, que recibió la Estela en el año 2021.
La investigadora cántabra Maria Ealo de Sá, fallecida en 2025, figura clave en la defensa de la cultura y el patrimonio regional, que compartió más allá de nuestras fronteras, fue distinguida con la Estela de Oro en 2020.
La celebración de la entrega de la Estela de Oro ha tenido lugar este año en el Teatro Municipal Concha Espina de Torrelavega y el acto ha estado precedido y acompañado de una serie de lecturas de textos de ilustres personajes montañeses.
La Coral de Torrelavega, dirigida por Manuel Egusquiza y acompañada por su pianista titular Virginia Martínez, tuvo tres brillantes intervenciones a lo largo de la celebración, además de interpretar el Himno de Cantabria como colofón del acto.
Centrándome en Angelina, días antes de la entrega de su premio tres alumnos del colegio de los Sagrados Corazones de Torrelavega la visitaron en su casa familiar de Santander para entregarle unos preciosos escritos con dibujos suyos.
En el acto de la entrega de la Estela de Oro este año, Angelina Lamelas pronunció las siguientes palabras:
“Querida presidenta, excelentísimo consejero, querido alcalde de la ciudad de Torrelavega, admirada Sociedad Cántabra de Escritores, autoridades, familia… hermanos montañeses todos.
Me reconocéis hoy con esta preciosa Estela de Oro como escritora montañesa, y es un honor, porque siempre quise ser lo más literario que hay: santanderina de Puertochico, de balcón frente a la bahía, de madre cántabra por los cuatro costados, hermana de diez Lamelas de Castelar e hija de un padre cardiólogo, fundador de nuestro hospital de Valdecilla.
Con vuestra generosidad y una Estela, hoy reconocéis a aquella niña a la que las monjas de las Esclavas descubrieron la vocación literaria. Y yo me reconozco en la Montaña y en la bahía, en la pleamar y en cada ola del mar de mi infancia.
Me reconozco en todos los que me han precedido, en la Isla de los Ratones de Manuel Arce, en el cielo raso de Álvaro Pombo, en la libertad crítica de Crespo de Lara y en el docto ingenio humanista de Camus y González de Posada.
Aunque foramontana por amor, me reconozco, querida presidenta, en Cantabria y, cuando repaso mi obra, veo a nuestra tierra en cada cuento, cada poema, cada verso y cada idea. Igual que veo la presencia constante de quebrantas, raqueros, peredas y machinas, que siempre están ahí, aunque a veces con otro nombre.
Y me reconozco, como otra fuente de amor a la Montaña, en la obra de mi bisabuelo, Ricardo Olaran Álvarez, autor de Leyendas montañesas y profesor de Menéndez Pelayo.
Un hermoso óleo de mi bisabuelo, al que también debo el don de la escritura, me acompaña desde hace décadas en mi casa madrileña, rodeado de cuadros de mar y de Castelar.
Su retrato está pintado con la técnica del efecto Mona Lisa y sus ojos te buscan desde dondequiera que le mires. Y por eso hablo con él, porque le veo vivo.
Hace unos días le dije a mi bisabuelo, en confidencia, que nuestros compatriotas de la patria chica me habían concedido la Estela de Oro de las Letras Cántabras. Y brindamos.
Mi nieta más pequeña, Ángela Fúster Soroeta, me ha preguntado que cómo brinda un óleo. Y yo le he contestado que con el corazón.
Que es el mismo órgano con el que hoy os doy mis más montañesas gracias por esta Estela.
Y abrazada a ella, con una vida casi entera, acabo con un ruego: que haya más hijas de nuestra Cantabria que escriban de ella y para ella.
Gracias con toda el alma”.
El aforo del Teatro Municipal de Torrelavega Concha Espina estaba completo, entre autoridades, familiares y público en general, y el autor de este blog se considera muy honrado y emocionado por compartir con su esposa la primera fila de butacas.
15 de febrero de 2026
Los nombres y la memoria
Las palabras y la vida
Alberto Martín Baró
Tenía
ya escrito el blog de esta semana, en el que trataba de los nombres y la
memoria, cuando al guardarlo lo he borrado.
He
utilizado varios criterios de búsqueda, sin resultado positivo. Así que tengo
que volver a escribirlo.
Comenzaba
aludiendo al anuncio que el diario ABC del viernes 13 de febrero hacía de los
autores que el domingo 15 de febrero, o sea hoy, volverían a escribir en ABC:
Azorín, Camba, Campmany, Mingote, Ussía, Marías, Cossío, Zabala, Maeztu, Foxá,
Pemán, Luca de Tena, Corrochano, Cándido, Calvo, Castelo, Sánchez Mazas,
Machado, Muñoz Seca, Mihura, Marquerie, Juan Ramón, Martín Ferrand, Alberti,
Fernández Flórez, Miquelarena, Paz, Ortega Munilla, Carrascal, Summers, Cela,
Carabias, Semprún, Casanova, Burgos, Ansón, Ruano, Baroja, Vargas Llosa,
K-Hito, Parada, Velarde, Neville, Giraldillo, Benavente, Torrente Ballester, De
la Serna.
No he tenido tiempo de comprobar en el
ejemplar del periódico de hoy si esos autores han vuelto a escribir en ABC.
No
aparecía en esa nómina de autores mi padre Francisco Javier Martín Abril, que
colaboró en la tercera de ABC no sabría decir el número de veces y que fue
Premio Mariano de Cavia en 1941.
Los
nombres de todos esos grandes autores me daban pie para hablar de la
importancia que tienen los nombres en la configuración de la memoria.
No
tema el lector de este blog que transcriba los nombres que aparecen en las
listas de mi wasap, lo que desbordaría los límites de estos escritos míos, pues
superan los quinientos.
Cuando
el personaje del wasap incluye su foto, me es posible identificarle fácilmente.
Tengo
otros listados de nombres de los tiempos en que yo dirigía la tertulia “El
libro del mes” en El Espinar. Así bajo el epígrafe “Correo colectivo de la
tertulia”, aparece la lista de los correos electrónicos de los participantes en
esas reuniones, que actualmente coordina con acierto Ana G. Novac.
Si
a los nombres de estas actividades mías literarias actuales se unieran los
acumulados en los estudios y lecturas a lo largo de mi ya larga vida me sería
imposible dar una cifra siquiera aproximada de los mismos.
En
efecto, tantísimos nombres se acumulan en mi memoria o me salen al paso en mis
lecturas o al oír las noticias de los telediarios que me resulta imposible ponerles
cara o identificarlos de algún modo.
Pero
los nombres tienen una gran importancia en la configuración de la memoria.
Cuando hablo con mis nietos mellizos de 13 años les pregunto por los nombres de
sus familiares, amigos y profesores, que van configurando su memoria.
Sí,
la memoria se sustenta en nombres y experiencias, que aumentan con los años.
Agradezco
a los autores de artículos y crónicas de cualquier medio de comunicación que,
al hablar de un determinado personaje, no se limiten a mencionar su nombre,
sino que incluyan también su nacionalidad y fecha de nacimiento para poder
identificarlo y albergarlo en el correspondiente nicho de mi memoria.
8 de febrero de 2026
Evolución de las redes sociales
Las palabras y la vida
Alberto Martín Baró
En
mi libro Cómo hablamos y escribimos,
cuya publicación data del año 2012, dedico un capítulo a “Las redes sociales”.
No
soy un experto en estos medios de comunicación y de expresión, pero sí he
asistido a su evolución desde grupos de comunicación como Tuenti, Twitter o
Facebook, en los que sus miembros intercambiaban mensajes, opiniones,
comentarios, noticias, impresiones, emociones…, hasta las plataformas My Space actuales
abiertas a cualquier usuario que en ellas quiera expresar sus pensamientos y
hasta sus insultos.
Comentaba
yo en el citado libro que amigos y conocidos me invitaban a unirme a grupos
como Facebook, a lo que yo me negaba por una sencilla razón: si ahí daba a
conocer mis opiniones y comentarios, ¿qué dejaba para los artículos que por
entonces publicaba en la prensa y hoy sigo incluyendo en el blog que cuelgo en
la red todas las semanas?
La
polémica se ha suscitado en la actualidad por el intento del Gobierno de
censurar o incluso prohibir el acceso a las redes sociales, en especial a los
menores de edad, bajo el pretexto de salvaguardar su moralidad.
Claro
que los niños están expuestos en las redes sociales a contenidos pornográficos.
Pero a estos también pueden acceder a través de los móviles, que cada vez
poseen y manejan a menor edad.
A
mí me parece que tanto el uso de los móviles como el acceso a las redes
sociales y otras plataformas informáticas de los menores es un problema de educación
y vigilancia por parte de los padres y educadores, problema que no se resuelve
con la sola prohibición.
Es
triste asistir actualmente al uso de las redes sociales por adultos para verter
sus opiniones políticas descalificando o hasta insultando al oponente. Hay
expertos en la descalificación y el insulto al adversario político o
ideológico.
Las
redes sociales y en general los medios informáticos de comunicación han
experimentado una increíble evolución desde aquellos primeros SixDegrees.com,
Friedster y Linkedin.
El
actual Gobierno pretende solventar con prohibición y censura los problemas que pueden
suscitar las redes sociales como cualquier otro medio de comunicación.
Terminaba
yo el capítulo dedicado en el citado libro a las redes sociales con esta
defensa de la comunicación:
“Con
ocasión y sin ella defendamos apasionadamente la palabra, la comunicación, la
libertad de expresión. Hablemos, comuniquémonos, expresemos libremente nuestras
ideas, por las redes, por teléfono, por los mensajes de los móviles, por el
correo electrónico, por videoconferencia, por las olvidadas cartas.
Y,
siempre que podamos no nos privemos del placer de conversar cara a cara con
aquellos a quienes queremos y nos honran con su amistad, aunque no seamos
‘amigos’ en Facebook”.
Sigo
pensando y defendiendo lo mismo.
1 de febrero de 2026
El síndrome confusional agudo
Las palabras y la vida
Alberto Martín Baró
Ante
mi estado de confusión acompañado de vómitos, la pasada noche del 23 de enero
mi mujer se alarmó y llamó por teléfono a su hijo menor Jose, quien con su
esposa Susana me llevaron inmediatamente a urgencias del madrileño hospital de
la Princesa.
Este
hospital es bien conocido por mí, pues en él recibo todos mis tratamientos,
pero nunca había sido ingresado inconsciente en urgencias.
Sin
hacernos esperar, a mí me tumbaron en la cama de un box, mientras Jose me
acompañaba de pie al lado, hasta que después de bastante tiempo le facilitaron
una silla.
Empezaron a desfilar por mi box toda suerte de médicos, que trataban de hacerme reaccionar a sus preguntas sobre cómo me llamaba, en qué día, mes y año estábamos, sin que yo fuera capaz de responder. Todo esto lo sé por habérmelo contado después Jose , pues yo seguía inconsciente.
Sí recuerdo haber pasado mucho frío y haberme orinado varias veces en el pañal que me habían puesto.
Me
dieron el alta a la mañana siguiente a las 11:33, como puedo ver en el informe
clínico. A esta hora ya me di cuenta de que vino a buscarme una ambulancia que
me trasladó hasta mi casa y en una camilla me subieron hasta mi piso.
Para
colmo de circunstancias adversas, mis hijos Guillermo y Gabriela, que viven en
El Espinar y San Rafael respectivamente, no habían podido venir antes a relevar
a José y echar una mano, aislados por la nieve.
Cuando
pasado el trance hospitalario rememoro ahora todos estos detalles, no puedo por
menos de agradecer a mi familia y a los especialistas médicos, enfermeras y
auxiliares del hospital sus desvelos.
Me
da vergüenza tener a tantas personas pendientes de mí y ayudándome. Una vez más
quiero dejar constancia del excelente tratamiento profesional recibido en la
sanidad pública.
En
un tono más pesimista me vienen a la memoria aquellas palabras del Génesis
(versículos 47:9): “Pocos y amargos son los días del hombre sobre la tierra”.
En términos semejantes se lamentaba el Santo Job (14:1): “El hombre, nacido de
mujer, es corto de días y lleno de sinsabores”.
En
contraposición a estas amargas reflexiones bíblicas, me acojo al cariño y
desvelo de mi familia y a la dedicación de médicos y profesionales
de la sanidad pública, confiando en que “El “síndrome confusional agudo” no
vuelva a repetirse.