Las
palabras y la vida
Alberto Martín Baró
Berta fue una monja de la Congregación de María
Reparadora, que residió en El Espinar (Segovia) desde principios de los
años 70 hasta 1978.
A ella, casi exclusivamente, dedica este libro su
autora Isabel López Villa. Invito a los lectores a contemplar la foto de Berta,
con su amplia sonrisa, en la página 160.
En los años en los que la autora de El otro lado coincidió con Berta en El
Espinar, Isabel López Villa era una niña pequeña que acudía a las clases de
inglés de la monja cubana.
He aquí una muestra del talante de Berta:
“De repente Ana, la hermana de Alicia, se dirigió
a Berta:
-¡Hermana, mira lo que te he traído! -le dijo a la
vez que le ofrecía una hoja de cuaderno con un dibujo infantil.
Unos cuantos trazos de colores representaban una
escena no muy clara de un grupo de niñas jugando. Saltaba a la vista que el
dibujo estaba hecho en un pis pas, sin esmero… ¿Cómo se le había ocurrido a Ana
entregar ese dibujo? Creo que instintivamente me tapé los oídos y encogí la
cabeza entre los hombros anticipando, cuanto menos, una buena bronca.
Sin embargo, Berta, conservando su amable sonrisa,
exclamó con toda la calma:
-Pero, mi chica, ¡qué dibujo tan lindo! Muchísimas
gracias. Vamos a ponerlo aquí.
Y lo fijó con un par de chinchetas en el tablón de
anuncios, hasta entonces vacío.
Aquel gesto fue definitivo para mí. “A este club
yo me apunto”. Y desde entonces procuré no perdérmelo ni un solo sábado. Creo
que fue en ese momento cuando la hermana Berta entró en mi corazón para
siempre”.
Me he permitido reproducir este texto de la página
13 del libro, porque creo que refleja a la perfección el estilo directo y ameno
de la autora.
El contacto de la autora del libro con Berta en
aquellos años de su infancia no se limitó a las clases de inglés. En un
capítulo posterior nos cuenta Isabel López Villa cómo la hermana Berta las
llevó a un grupito de niñas de entre seis y ocho años a “la isla de San
Rafael”, una especie de piscina natural (creo que sería en el río Gudillos),
antes de que las obras de la autopista lo cubrieran.
Otras veces la hermana Berta llevaba a los niños y
las niñas de excursión al monte, al pinar. Estos y otros capítulos nos permiten
descubrir el estilo directo y llano de Isabel López Villa, licenciada en
Filología Inglesa, que ha ejercido la docencia en distintos centros públicos de
educación secundaria.
El amor a la naturaleza y muy en especial a las
montañas lo comparte la autora con Berta quien, cuando ya llevaba muchos años
asentada en Miami, después de haberse marchado del pueblo de El Espinar, en una
de sus cartas decía en inglés a la autora: How
I miss life in those holy mountains. Aunque en otro momento la hermana
Berta y la autora del libro declaran que las montañas también pueden convertirse
en un círculo limitante.
Hay en El
otro lado un capítulo dedicado a la patria de Berta titulado Cuba, en el que se expone el anverso y
el reverso de la isla antes y después de
Fidel Castro, el Fidel idealista de la revolución y el dirigente comunista
contrario a los ideales de amor al pueblo. Berta, como muchos cubanos, siempre
conservó el aprecio a sus raíces y el reconocimiento de los logros de la
revolución comunista en educación, sanidad e igualdad de derechos, rodeada como
estaba la isla por un cerco internacional hostil.
En la contraportada de El otro lado pueden leerse unos párrafos en los que la autora
plasma un resumen certero de su relación con Berta, a la vez que constituyen
una muestra más de la riqueza de estilo y contenido de un libro singular: “Esta
es la memoria de mi experiencia con un ser luminoso. En este relato he
intentado permitir que la niña que fui cuente cómo esta gran maestra que fue
para nosotros la hermana Berta nos abrió puertas, nos dio alas, nos sacó de
casa y nos mostró el otro lado”.