Las palabras y la vida
Alberto Martín Baró
Me parece a mí que el seudoprogresismo de la izquierda, al frente del cual se encuentra el inefable presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez, tiene más fácil secularizar la Navidad que la Semana Santa.
Un año más he podido comprobar cómo el pueblo español de toda clase y condición vive con inalterable fervor la conmemoración de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
Tanto en los programas de televisión, incluidos los de la tendenciosa Radiotelevisión Española, como en otros medios de comunicación, están presentes las procesiones de las fechas más señaladas como son el Jueves y el Viernes Santo.
No quiero entrar en la cuestión de cuánto hay de folclore y cuánto de auténtica devoción y fe cristiana en el seguimiento de los pasos procesionales con los Cristos tallados por imagineros castellanos como Gregorio Fernández y las Dolorosas y la Piedad de Juan de Juni, o las Vírgenes de ciudades andaluzas, como la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla, la Virgen del Rocío de Huelva y María Santísima del Amor de Málaga, por citar solo algunas de las tallas que son protagonistas de las procesiones de la Semana Santa de Andalucía.
Tanto los costaleros que portan los pasos como los cofrades con hábitos y capirotes son sinceros penitentes,
Recuerdo que a mis quinces años, mi tío Ramón Abril me dejó su hábito de la cofradía de la Virgen de las Angustias, con el que participé en la procesión del Viernes Santo de Valladolid: les aseguro que aquella participación fue una auténtica penitencia.
Los cristos que estamos acostumbrados a contemplar en las tallas de la Semana Santa y en los crucifijos de las iglesias no reflejan los sufrimientos que padeció Jesús en su vía crucis camino del Calvario.
No he logrado averiguar a qué productora se debe la película titulada “Vía Crucis” que pude ver el pasado Viernes Santo en la Trece. El realismo de las escenas que pintan los tormentos a los que fue sometido Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta la crucifixión entre dos ladrones en el monte Gólgota no ahorran al espectador la saña de los torturadores en los azotes a Cristo atado a la columna y ceñido con la corona de espinas, o en las caídas camino del Calvario, que dejan a Nuestro Señor como un manojo sangriento de carne, que recuerda el epíteto bíblico de “Varón de Dolores” (Isaías 53, 3) y que en nada reflejan los cristos de las iglesias y los crucifijos de las casas de los fieles. ¿Cómo pudo Jesús crucificado pronunciar las siete palabras que nos han transmitido los Evangelios y que tuvieron como colofón aquel “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”?
Cofrades, costaleros y fieles irán después a las playas del sur o a las terrazas de los bares en ciudades de Castilla. Que la piedad auténtica de la Semana Santa no quita la diversión en los hermosos días de sol que hemos podido disfrutar este año.
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