¿Cuándo dejarás, Pedro Sánchez, de abusar de nuestra paciencia?
Quo usque tándem abutere, Catilina, patientia nostra?
Con estas palabras se dirigió Cicerón a Catilina en su
primera catilinaria. ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?
Cicerón usó esta frase en el Senado romano para
desenmascarar al conspirador Lucio Sergio Catilina.
Esta cita sigue vigente en el debate político para denunciar
el abuso de poder o expresar el hartazgo de la población frente a quien actúa
impunemente.
A mí me sirve para denunciar el abuso que Pedro Sánchez hace
del poder.
¿Hasta cuándo vas a abusar Pedro Sánchez de nuestra
paciencia?
Siempre me he opuesto al uso de los términos sanchismo y
sanchista, que parecen indicar que nuestro presidente del Gobierno tiene algo
parecido a una ideología o pensamiento. Lo cual, a mi modo de ver, es evidentemente
falso.
Aparte de su manifiesta voluntad de seguir aferrado al
poder morando en La Moncloa, a mí me gustaría saber qué piensa realmente Pedro
Sánchchez Castejón.
Cuando aparece en televisión y nos endosa un largo
discurso sobre su afán de ayudar a las clases más débiles, sus palabras no
pasan de ser propósitos vanos que no se traducen en realidades concretas: ni se
han construido las viviendas que prometió, ni los jóvenes tienen perspectivas de
emanciparse y abandonar la casa de sus padres.
¿Este es el gobierno de progreso? ¿De verdad se cree
Sánchez sus promesas?
Me gustaría saber qué piensa nuestro presidente de
Gobierno sobre el futuro de España, sobre el papel del Congreso y del Senado en
una democracia moderna, sobre la separación de poderes…
¿Cuándo tiene pensado convocar elecciones? Y si no supera
en votos al partido de la oposición, ¿estará dispuesto a aliarse con los
enemigos de España, independentistas y separatistas, como la ha hecho en otros
comicios?
¿Estará simplemente pensando en su futuro y en el de su
mujer y su hermano, imputados de graves delitos, que pueden llegar a afectarle
a él mismo?
Yo no le deseo ningún mal a Pedro Sánchez. Y si encuentra
un retiro dorado, alguna canonjía bien remunerada, me alegraré siempre que deje
de abusar de la paciencia de los ciudadanos normales, como le pedía Cicerón a
Catilina.
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