27 de junio de 2026

El ocaso del socialismo

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Quienes leen mis blogs conocen mi afición a recurrir a las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española (RAE). Pues bien este Diccionario define el socialismo como:

1.    m. Sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes.

2.    m. Movimiento político que intenta establecer, con diversos matices, el socialismo.

3.    m. Teoría económica y política del filósofo alemán K. Marx (…)

4.    m. Socialdemocracia.

Me ha parecido pertinente que todos, empezando por los que se denominan socialistas, miembros del partido socialista, tengamos presentes estos conceptos básicos.

Sin embargo, tales conceptos basados en la propiedad estatal de los bienes y medios de producción deben apuntar a una finalidad orientada a que esos bienes lleguen a todos los individuos, incluidas las clases más desfavorecidas, evitando la acaparación de los bienes por el capitalismo.

El partido socialista que padecemos en España, empezando por su presidente, también presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez Castejón, prefiere hablar de progreso, en vez de una justa distribución de los bienes, de manera que estos lleguen a las clases más desfavorecidas, a las que les importa un bledo el tan traído y llevado progresismo.

Si el socialismo se limita a que los bienes acaparados por el capitalismo pasen a ser propiedad del Estado y no se esfuerce en una justa distribución de los mismos, de modo que lleguen a todas las clases sociales, de nada servirá hablar de progreso y progresismo.

La socialdemocracia, que tuvo su más conocida implantación en los países escandinavos, sí veló por que los bienes llegaran a todas las clases sociales.

Los partidos socialistas tradicionales de Francia, Italia, Grecia, Italia, Portugal, Reino Unido, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca han desaparecido y dado paso a formaciones como Alternative für Deutschland, Vox, Fratelli d’italia o Reforma UK, que han crecido en el terreno abandonado por la socialdemocracia tradicional.

Un último apunte: no soy partidario de dos partidos, izquierda y derecha, que se alternen en el poder. Más aún, como he defendido en algún blog mío de hace unos años, abogo por la desaparición de los partidos políticos, a sabiendas de que para ello habría que reformar la Constitución Española, y que en las distintas áreas se hicieran cargo de su gestión especialistas sin adscripción política.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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