17 de marzo de 2024

Perfeccionismo y perfeccionista

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

No estoy de acuerdo con la definición de ‘perfeccionismo’ que da el Diccionario de la lengua española de la RAE, a saber: “Tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”.

También el Diccionario del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos define de modo semejante al ‘perfeccionista’: “(Persona) que tiende a mejorar indefinidamente un trabajo buscando la perfección”.

En ambas definiciones sobra, a mi juicio, el adverbio ‘indefinidamente’. O definen sólo un tipo de perfeccionismo y perfeccionista, como el afán de mejorar un trabajo sin darlo nunca por concluido y la persona que se comporta de este modo.

Yo me considero perfeccionista porque tiendo a mejorar mi trabajo buscando la perfección, pero no indefinidamente, y soy muy capaz de juzgarlo acabado cuando estimo que satisface unas exigencias razonables.

El perfeccionismo y el perfeccionista que definen los citados diccionarios claro que pueden ser poco eficaces al juzgar que el trabajo nunca está terminado. Y la persona perfeccionista puede resultar cargante para quienes conviven con ella.

Hace unos días compañeros del colegio San José de Valladolid que nos habíamos reunido para comer recordaban cuando el padre prefecto Juan Iriarte nos leía las notas y, al llegar a mí, decía: “Diez en todo”. Pues bien, nunca tuve la sensación de resultar el repelente niño Vicente para mis compañeros. Quizá porque mi amigo íntimo era el mejor jugador de fútbol del colegio…

El perfeccionismo, tal como yo lo entiendo, me lleva a buscar la perfección, que en el mundo escolar puede resumirse en la nota 10. Y tengo el suficiente sentido común para dar por acabada una tarea cuando cumple unos requisitos que me parecen razonables.

El perfeccionista se recrea en la obra bien hecha, aunque comprenda que habría podido hacerse mejor.

El perfeccionismo guarda relación, a mi modo de ver, con el afán por el orden, la limpieza y la organización. De nuevo, este afán, llevado a su extremo, puede desembocar en trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Entre las obsesiones más comunes que caracterizan el TOC figura, aunque en un puesto poco relevante, el deseo de tener las cosas simétricas y en perfecto orden. Pero ¿cuándo el orden es perfecto? ¿Y de acuerdo con qué parámetros?

Soy amante del orden, pero este orden no me causa ansiedad o trastorno alguno. Tampoco trato de imponer mi orden a las personas que conviven conmigo.

Y a la hora de encontrar algo, pongo por caso un libro, si está colocado en la librería por orden alfabético, resultará más fácil dar con él. Yo me quedo muy tranquilo cuando un libro, un documento, una carta, una foto halla su lugar donde guardarlo y poder localizarlo cuando lo necesite.

 

 

 

              

 

 

 

 

10 de marzo de 2024

Sánchez sólo es Sánchez

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Incluso aquellos articulistas y comentaristas con los que, en líneas generales, estoy de acuerdo utilizan los a mi juicio desafortunados términos sanchismo y sanchista. Como si el presidente del Gobierno Pedro Sánchez tuviera algo parecido a un programa o una ideología. Por no tener o ser, Sánchez ni siquiera es socialista, el partido al que pertenece y dirige con mano férrea. Sánchez sólo es Sanchez.

Veamos. ¿Es partidario de la amnistía que el pasado día 7 de marzo se ha aprobado en la comisión de Justicia del Congreso y que él mismo, antes de las elecciones del 23 de julio, rechazó? Si no hubiera necesitado los 7 votos de Junts, el partido de Puigdemont, para sacar adelante su investidura, la amnistía le habría importado un bledo.

El mismo Sánchez que estuvo de acuerdo con el 155 aplicado en Cataluña por Rajoy el 27 de octubre de 2017 fue el que indultó a los independentistas sediciosos y malversadores para granjearse su apoyo al gobierno que formó con Sumar sin haber ganado las elecciones.

Sánchez no es que cambie de opinión, como él mismo ha dicho refiriéndose a los cambios de parecer que de un día a otro efectúa, es que no tiene opinión sobre nada.

Los que le atribuyen un plan para hacer de España una república federal compuesta de múltiples Estados independientes, una nación de naciones, no conocen a Sánchez, el cual, si mañana comprendiera que él mismo podía ser el presidente de un Estado centralizado al máximo, sería un nuevo Rey Sol instalado en la Moncloa, con todos los resortes del poder en su mano.

El poder, esa es la palabra mágica, el talismán que guía los pasos de Sánchez. Y en alcanzar y conservar el poder, reconozcamos que Pedro Sánchez es muy hábil.

Se equivocan quienes, desde sus tribunas de opinión o desde los partidos de la oposición, piensan que será posible derribar al presidente Sánchez aprovechando los casos de corrupción que desde las cloacas de esbirros mercenarios y subalternos como Koldo han ido ascendiendo hasta implicar a los más altos cargos del Gobierno, como la presidenta del Congreso, Francina Armengol, tercera autoridad del Estado, ministros como Ángel Víctor Torres, anterior presidente de Canarias y hoy ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, y Fernando Grande-Marlaska, ministro de Interior, y que incluso salpican a la propia mujer del César, Begoña Gómez.

Pues no, no van a echar a Pedro Sánchez de la Moncloa ni derrocar su Gobierno. Desde países con regímenes de izquierda como el Brasil de Lula da Silva y el Chile de Gabriel Boric, Sánchez se ríe de quienes piensan que sus días al frente del Gobierno de España tocan a su fin.

¿Se habría ausentado del Congreso de los Diputados si tuviera la más mínima duda de que todo está atado y bien atado?

Pedro Sánchez carecerá de ideología y de planes salvo el de mantenerse en el poder. Y ha engrasado las estructuras e instituciones del Estado, colocando a amigos y afines como parachoques. Ahí está en el Tribunal Constitucional Cándido Conde-Pumpido, dispuesto a declarar constitucional la amnistía, y al frente de la Fiscalía General del Estado Álvaro García Ortiz, que también considera legal e intachable la amnistía, apartándose del parecer de la mayoría de los fiscales. ¿Han visto al fiscal general fundiéndose en un estrecho abrazo con Francina Armengol?

Pues lo dicho.

 

              

 

 

 

3 de marzo de 2024

Tolerancia cero y caiga quien caiga

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

El lenguaje oficial, decía yo en mi blog del 25 de febrero, es enrevesado y confuso. Y ponía como ejemplos de esta oscuridad la nueva definición de familias numerosas y los nombres de algunos de los actuales ministerios del gobierno de Pedro Sánchez, como Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, entre otros.

También me refería a algunos términos que, a fuerza de ser repetidos por los políticos, ya nada significan, como ecológico, progresismo, resiliencia, sostenible…

En la actual crisis que se ha desatado en el PSOE de Pedro Sánchez con el caso Koldo, o el caso José Luis Ábalos, que cada día que pasa implica a más nombres de altos cargos políticos, como Santos Cerdán, Salvador Illa, Fernando Grande-Marlaska, Ángel Víctor Torres y Francina Armengol y que ya amenaza al propio secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez y a su mujer Begoña Gómez, me han llamado la atención, en la defensa que los implicados en la trama han hecho de su actuación, dos expresiones que pertenecen a ese repertorio de lenguaje gastado, como son “tolerancia cero” y “caiga quien caiga”.

En la propaganda de la lucha contra la violencia de género (en otra ocasión volveré sobre esta desafortunada expresión, que a mi entender y también el de la Real Academia Española, habría que cambiar por violencia machista o violencia contra la mujer) estamos acostumbrados a escuchar el latiguillo de tolerancia cero. Como si la tolerancia pudiera tener grados. Frente a un desmán, o hay tolerancia o no la hay, pero no cabe tener un poco o un mucho de tolerancia, tolerancia 0, tolerancia 10 o tolerancia 100.

 En el caso de la defensa que hacen de su honradez los implicados en el escándalo Koldo, los tales muestran tolerancia cero contra la corrupción. Y no se contentan con ese rechazo, sino que dan un paso más y afirman desahogadamente que luchan contra la corrupción “caiga quien caiga”. Claro está que en este caiga quien caiga no entran ellos mismos, caiga quien caiga se refiere siempre a los demás.

La corrupción que a la presidenta del Congreso de los Diputados le da tanto asco no se traduce en beneficios económicos. Recuerdo que en el caso de los ERE del socialismo andaluz se defendía la honradez de algunos altos cargos, incluidos los expresidentes Griñán y Chaves, alegando que “no se habían llevado un duro". Ellos quizá no. Pero habían permitido que otros sí se lucraran. O sea, no habían ejercido su autoridad “in vigilando”.

Existen en la corrupción política otros beneficios aparte de los económicos, como el ascenso dentro de un partido político o, y este es fundamental en el caso que nos ocupa, el mantenimiento del poder: Ábalos seguir siendo diputado y, por tanto, aforado, Francina Armengol continuar como presidenta de las Cortes, tercera autoridad del Estado, y Pedro Sánchez mantener su liderazgo en el Partido Socialista –Obrero y Español ya hace mucho que dejó de serlo– y su colchón en la Moncloa.

 

              

 

 

25 de febrero de 2024

El lenguaje oficial

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Los medios de comunicación han dado recientemente la noticia de que, con la nueva normativa de la Ley de familias, se considerará familia numerosa a “la familia con mayores necesidades de apoyo a la crianza de categoría especial”.

No voy a entrar en la polémica de si el número de hijos debe ser de 3 o de 2 para considerar numerosa a una familia. Lo que me interesa destacar, en este y otros ejemplos, es lo enrevesado y confuso del lenguaje.

Como la neolengua de la que habla George Orwell en un apéndice de su obra 1984, se trata de que el ciudadano normal no entienda lo que un gobierno dictatorial dicta o establece.

A este respecto me han llamado la atención algunas denominaciones de los Ministerios del actual Gobierno de Pedro Sánchez.

Frente a los nombres de un solo término a los que estábamos acostumbrados, como Ministerio de Hacienda, Ministerio de Defensa, Ministerio de Interior y Ministerio de Cultura, y de los que, con mayor o menor claridad, entendemos cuáles son sus funciones, están otros nombres de más de un término, oscuros y rebuscados.

Un caso claro, a mi juicio, de este rebuscamiento y complejidad es el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico. A ver, inteligente ministra y vicepresidenta tercera Teresa Ribera, ¿qué es eso de ‘transición ecológica’? Transición, según el Diccionario de la Real Academia Española, es “Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”. ¿De qué modo de ser o estar a otro distinto se pasa en este caso? El calificativo de ‘ecológica’ no nos aclara nada, pues ecológico es algo que este gobierno progresista aplica a toda su actuación. En la página oficial del Ministerio encuentro la siguiente explicación: “’Transición ecológica’ es un concepto amplio y difícil de definir. Pero, a grandes rasgos, podríamos decir que es el proceso de cambio o transformación hacia un modelo productivo y de consumo sostenible (La negrita está en el propio texto oficial)”. O sea, que el redactor ministerial reconoce que ‘transición ecológica’ es “un concepto amplio y complejo de definir”. Pues ahí está, como nombre oficial de este Ministerio. Y no aparece en el mismo el término ‘energía’, que es una de sus principales competencias.

Otro ejemplo de terminología que nada aclara es la de ‘inclusión’ en el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. También aquí el término ‘inclusión’ necesita ser aclarado, pues se debería precisar a quién o quiénes se incluye y con qué fin.

Al Ministerio de Transportes se le ha añadido “y Movilidad Sostenible”. ¿Movilidad que no se detenga, que se sostenga ella sola?

El Ministerio de la Vivienda lleva además la denominación “y Agenda Urbana”. ¿De qué se ocupa esa agenda urbana?

No podía faltar un Ministerio que, además de los Derechos Sociales y el Consumo, tratara la tan traída y llevada Agenda 2030. Pregunten a la gente si sabe en qué consiste esa Agenda 2030.

Hay en el lenguaje oficial y políticamente correcto una serie de comodines que a Pedro Sánchez, a sus ministros y a los miembros del PSOE no se les caen de la boca. A lo ecológico, sostenible e inclusivo, habría que añadir progresismo, resiliencia, innovación, convivencia, transparencia…, que a fuer de repetidos ya nada significan.

Veo el eslogan en una sala de la sede del PSOE en Ferraz: “Impulso de país”, con el añadido “España avanza”. Y uno se pregunta: ¿Impulso de quién y para qué? ¿Es el país el que se impulsa, y hacia dónde? Y España avanza, ¿hacia un futuro mejor o peor?

              

 

 

18 de febrero de 2024

Patricia, un amor

 Las palabras y la vida 

 Alberto Martín Baró

Me comunica por wasap desde Barcelona mi sobrino Javier el pasado 10 de febrero que ha fallecido su hermana Patricia. Ella y él, hijos de mi hermano Javier, que murió hace siete años.

Vivimos rodeados de muertes de seres queridos, sobre todo quienes hemos llegado a una edad avanzada. Somos supervivientes, porque siempre se mueren los otros. Asistimos con el corazón encogido a sus funerales. El dolor es tan hondo que a mí se me saltan las lágrimas, cuando no me echo a llorar abiertamente, como me ha ocurrido, y lo he escrito en este blog, cuando la hija y la mujer de mi amigo del alma José Antonio Matute me dicen por teléfono que su padre y marido ha muerto.

Sí, nos duele la muerte de nuestros coetáneos. Pero si quien deja este mundo es una mujer de 57 años como mi sobrina Patricia, no acertamos, al menos yo no acierto, a comprender y asimilar su partida.

Mientras escribo estas líneas apesadumbrado, y para confirmar mis anteriores palabras, me interrumpe mi mujer para decirme que acaba de morir un familiar suyo de la rama de los Osorio, y se celebra una misa córpore in sepulto en la capilla del tanatorio de La Paz en Tres Cantos esta tarde a las 8, a la que tenemos que asistir.

En cambio, y por muchos impedimentos, no podemos ir a Barcelona a despedir a Patricia. Hablo por teléfono con Lula, la segunda mujer de mi hermano Javier, que quería a mi sobrina como a una hija. Se querían, pues Patricia también quería a Lula, madre de Javier y Álvaro. Las dos, Lula y Patricia, se volcaron en cuidar a mi hermano mayor en sus últimos años.

Te veo, Patricia, de niña jugando con mi madre, tu abuela Alicia, y con tu hermano Alberto –al que tus padres pusieron este nombre por mí y al que, años más tarde, hiciste lo imposible por ayudar en sus problemas con la droga– en nuestra casa de la calle López Gómez de Valladolid. Eras una niña preciosa, como luego fuiste una guapa mujer.

Y eras todo corazón y fortaleza. Derramabas cariño a tu alrededor. Recuerdo que, hace un montón de años, nos convocaste a mí y a mis hermanos a reunirnos en Madrid, porque nos veíamos poco, al vivir tú y tu marido, también de nombre Javier, en Barcelona.

Y, para alegría de mi mujer Angelina y mía, veníais a vernos en el Café Pombo de Santander desde el pueblo cántabro en el que veraneabais. Lo que ya no pudiste hacer en los últimos años, luchando contra la enfermedad.

Patricia, mi querida sobrina, estoy seguro de que ya te habrás reunido con tu padre, pues en la casa del Padre con mayúscula hay muchas moradas, y Jesús fue a prepararnos un lugar.

A tus hijos, Sergio y Mónica, apenas los he conocido. Desde estas líneas les acompaño en su dolor. Pero si han heredado aunque sólo sea una parte de tus genes, serán unas personas llenas de bondad y entereza.

 

 

              

 

11 de febrero de 2024

Recuerdos y presencias

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Así se titula el nuevo poemario de Angelina Lamelas. Ha confiado la edición de este libro al gran editor, además de eximio poeta y comunicador Emilio Porta, quien ya se ocupó en 2019 de editar Mujer en vela, en la misma colección Mirador de las Ediciones de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE). Estas dos obras recientes se unen a tres publicaciones en verso: Recital de lluvia en 1992, El cuarto de jugar, en 1997, y El arco del violín, en 2000.

Cinco libros de poesía en un total de 21 publicados, de ellos seis dirigidos a un público infantil, validan la aserción de que Angelina Lamelas ha cultivado sobre todo la narración, llámese relato breve o cuento. Y es su obra narrativa la que ha cosechado importantes galardones, entre los que destacan el Premio Hucha de Oro en 1971, ganado ex aequo con Medardo Fraile, entre 2.389 autores; el Premio Clarín de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, en 1991; el Premio UNED de Cuentos en el mismo año1991; y el Premio de Relato Breve Alfonso Martínez Mena en 2002.

Ello no obsta que Angelina Lamelas sienta desde niña el deseo de expresar sus más íntimas vivencias en verso y darlas a la luz en libros como Recuerdos y presencias Puedo atestiguar en mi vida compartida con Angelina que ella está dotada de una memoria prodigiosa. Recuerda, y cuenta con toda suerte de detalles, hechos acaecidos a lo largo de su fecunda vida. Como apunta en la contracubierta Emilio Porta: “Este libro es memoria. En él se recogen las huellas del trayecto, desde la infancia y la adolescencia en su Santander natal, esa maravillosa ciudad que ella lleva tan dentro, hasta nuestros días”.

En estos Recuerdos y presencias evoca episodios de su vida en cuatro apartados: “Infancia y adolescencia”, “Santander ayer y hoy”, “La familia siempre”, “Viajes” –suele presumir de haber visitado 36 países– y “Del pasado al presente”, donde la memoria se hace presencia.

Santander y otras ciudades que Angelina ha conocido ocupan un lugar en el apartado “Viajes”, pero son las personas, empezando por su familia, sus padres, sus nueve hermanos, sus hijos y nietos, a las que ama y recuerda, tanto en prosa –destaca a este respecto el precioso álbum con fotografías Personajes de mi vida, publicado en 2021–, como en verso.

A su gran amigo Pepe Hierro, dedica el poema “El cuento que escribí para Hierro”, escrito en tono festivo.

En el poema “De vientos lejanos y hojas secas” aúna la ciudad de Santander con otro gran amigo suyo, el autor de inolvidables cuentos Medardo Fraile.

Como muestra de la herencia literaria de la que hacen gala muchos miembros de la familia Lamelas Olaran, valgan los versos de la “Carta rimada de Ricardo Olaran Osorio a sus sobrinas María Luisa y Angelina”, que pasaron un verano en las ursulinas de Pau; la misma carta la había enviado a sus hermanas Mariuca y Angelina, que habían pasado dos años en Pau.

A su padre y su madre, de su mismo nombre, y a sus nueve hermanos, glosa en el poema “Angelina Lamelas en Valparaíso evoca a sus padres y hermanos”.

Del capítulo “Viajes”, tiene especial encanto el poema “A París con el premio de la Alianza Francesa”.

En el apartado que cierra el libro, los recuerdos se convierten en presencias. Como escribe Emilio Porta en la contracubierta: “Un libro que le pone cubierta e interior a una vida intensa de la que Angelina Lamelas ha elegido unos pasajes. No todo el trayecto, pero sí estancias importantes, estancias de su pensamiento y de su alma. Recuerdos y presencias es un pequeño y gran legado para los que la admiramos y queremos. Su familia, sus amigos y todos los que, a lo largo del tiempo, la hemos conocido como escritora y como persona. Escritora y persona que siempre ha tenido, en su actitud y obra, la esperanza de que el mundo preste un poco más de atención a lo mejor del ser humano: mirar la vida con el corazón”.

 

 

 

 

              

 

4 de febrero de 2024

José Antonio, amigo del alma

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Cuando Queca, la mayor de las hijas de José Antonio Matute, e Inés, su mujer, me comunican por teléfono que su padre y marido se está muriendo, no es que se me salten las lágrimas, es que directamente me echo a llorar y el llanto me impide hablar.

Pero ¿qué derecho tengo yo a llorar por la inminente muerte de un amigo ante su hija y su mujer, mientras ellas mantienen la entereza, transmitida por la energía y la serenidad de José Antonio, que dispuso con aplomo cómo quería morir?

Eso sí, tanto ellas como los demás familiares y amigos a los que participo el fallecimiento de José Antonio reconocen la amistad que nos unía. Amistad extensiva a los hermanos Matute Butragueño. Fui primero amigo de Luis, más cercano a mí por edad y cuyo corazón de deportista, a fin de cuentas un músculo, era tan poderoso que la aguja del cirujano no consiguió penetrar en él y hacer su labor salvadora. Fernando, algo más joven que yo y el único de los hermanos que sobrevive, es hoy mi consuegro, padre de mi yerno Gonzalo. También con Fernando he compartido paseos por El Espinar.

Y digo también porque, durante los primeros años 2000, fue José Antonio el compañero asiduo de mis caminatas y descubrimientos espinariegos, como reflejo en mi libro Apuntes al oeste de Guadarrama, que se inicia con la siguiente dedicatoria: “A José Antonio, sin cuya amistad y compañía, amén de su ‘trabajo sucio’, este libro no habría sido posible”. El trabajo sucio era, en terminología del propio José Antonio, “la exploración previa en busca de un paraje, una fuente, un collado, un pico o, como hoy, las ruinas de un molino de agua”, como se lee en la página 10 de Apuntes.

 El Espinar, desde que el patriarca de los Matute, don Mateo, empezara a veranear por estos pagos, es el escenario imprescindible de la relación amistosa entre nuestras familias. Mi nieto, hijo de mi hija Gabriela y de mi yerno Gonzalo, lleva el nombre de su bisabuelo Mateo.

Fueron José Antonio e Inés quienes nos descubrieron a Ana, mi primera mujer ya fallecida, y a mí lugares tan emblemáticos de El Espinar como la senda de la Dehesa, o la cantera de Navalvillar, o la Mata de Santo Domingo.

Decía José Antonio que la subida a Cabeza Renales tiene primer plato, segundo plato y postre. Grandes peñas de formas caprichosas marcan el primero y el segundo plato. “Desde estas atalayas –puntualizo en el libro de Apuntes– volver la vista atrás para divisar el pueblo allá abajo y a lo lejos las montañas azules del tan conocido cordal divisorio entre Segovia y Madrid merece el esfuerzo realizado”.

La sierra de Quintanar, que se contempla desde ese mirador entre otros montes, era uno de los preferidos de José Antonio.

José Antonio, sabio amigo del alma, eras tan generoso que me dejabas jugar al frontenis como pareja tuya, a pesar de mi manifiesta inferioridad. Con quien formabas un tándem invencible era con tu hermano Luis.

Con tu peculiar sentido del humor decías que me llevabas “siete años y dos prótesis de cadera”. Prótesis que no te impedían caminar por las cañadas y ascender a los collados con ligereza y seguridad.

No puedo imaginar que ya no habites en tu querida casa de la calle Barquillo con vistas por un lado a la Plaza del Rey y por otro al Cuartel General del Ejército, cuyos jardines son como vuestro propio parque.

Los amigos te queremos, José Antonio, y sobre todo te quiere tu numerosa familia, a la que abrazo en el tanatorio de la M-30 de nuevo entre lágrimas.