15 de agosto de 2026

Añoranza de la playa

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Angelina mi mujer y yo llevamos catorce días en Santander y aún no hemos podido pisar la arena de la playa del Sardinero, ni tampoco la de la otra playa que está debajo del Palacio de Festivales y lleva el nombre de La Fenómeno.

A esta playita yo he llegado andando, mientras Angelina me esperaba sentada en un banco del camino que a ella conduce.

La denomino playita por su tamaño, aunque el mar que la baña sea el mismo que ondula las olas del Sardinero.

Desde el mirador de Maremondo, de gratos recuerdos para Angelina, pues en él escribió su libro Carne de cuento, se divisa a distintas horas la playa del Sardinero, con dos o tres cargueros al fondo.

Insisto en que aún no hemos pisado la arena ni la del Sardinero ni la de La Fenómeno.

Hay varios obstáculos que nos impiden la satisfacción de pasear por la arena del Sardinero. Uno de los principales reside en montar en un autobús cargados con los diversos útiles que nos permiten sentarnos y tumbarnos en algún hueco al sol, que otros años no representaban ningún problema.

Cuando nosotros estamos ya comiendo en la cafetería Reina, es posible que se presente María Luisa, la hermana mayor de los Lamelas, lista para ir a alguna de las playas mencionadas.

A María Luisa hemos de agradecer que nos haya facilitado entradas para algunos de los conciertos del Palacio de Festivales. Retengo los protagonizados por Brahms y Dvorak, y Haydn, Mozart y Schubert.

Como aún quedan días de agosto, confío en que la añoranza de la playa se convierta en gozosa realidad, y a los músicos citados se unan otros del repertorio del Palacio de Festivales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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