12 de septiembre de 2026

Los jóvenes marroquíes que su país expulsa

Las palabras y la vidaAlberto Martín Baró

Me he quedado mirando atentamente a algunos de los 80.000 o más jóvenes que Marruecos ha enviado a Ceuta. Y me he hecho una serie de preguntas que no he oído a los comentaristas que se ocupan de esta invasión de Ceuta.

Se afirma que estos jóvenes no quieren volver a Marruecos, en el supuesto de que los admitiera. ¿Cómo lo saben quienes esto sostienen? ¿Se han parado a hablar con alguno de estos marroquíes? A mí me parecen muy sanos y alegres.

¿Cómo los habrán seleccionado los agentes marroquíes? ¿Habrán contado con la aquiescencia de sus familias? ¿Y qué criterio se habrá seguido para seleccionar a los jóvenes destinados a invadir Ceuta como carne de cañón?

Desde luego un país que puede prescindir de buenas a primeras de 80.000 o más jóvenes, a los que se ve sanos y alegres, es un Estado digno de menosprecio. Desprecio que hago extensivo a su monarca Mohamed VI que todo lo controla.

¿No estaban a gusto estos jóvenes con sus familias, asistiendo a colegios en los que estudiar?

No he oído a ningún comentarista español preguntarse por los sentimientos de estos jóvenes a los que yo, insisto, veo alegres y decididos.

¿Qué milonga les habrán contado los agentes marroquíes encargados de esta infame tarea? ¿Eran conscientes estos jóvenes de que arriesgaban su vida al tratar de entrar a nado en Ceuta? De hecho algunos han perdido la vida, ante la indiferencia del país que los ha expulsado.

Una vez en Ceuta, los jóvenes expulsados se las arreglan como pueden, haciendo fuego para calentarse, durmiendo en el duro suelo.

Se han construido para albergar a una mínima parte de ellos unos pabellones de lona.

¿Y los demás? ¿Seguirán durmiendo, cocinando y haciendo sus necesidades al aire libre? ¿No estarían mejor con sus familias asistiendo a los colegios de sus barrios, jugando con sus amigos?

Canallas los agentes que han cometido esta ignominia. Y canalla un monarca al que no importa expulsar de su territorio y apartar de sus familias a 80.000 o más jóvenes sanos y alegres. 

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