Las palabras y la vida Alberto Martín Baró
Apenas hay día, desde que Rusia, o sea Vladimir Putin, el 24 de febrero de 2022 decidió invadir Ucrania, en el que misiles rusos no hayan destruido edificios ucranianos, tanto en Kiev como en otras poblaciones de Ucrania.
Un misil, según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), “proyectil autopropulsado, por lo general guiado electrónicamente”, es un arma que ya se utilizaba con fines bélicos de todo tipo desde 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces los misiles han perfeccionado su poder destructivo. Así en la invasión de Ucrania por Rusia, que eufemísticamente el mandatario ruso denominó “operación militar especial”, los misiles han desempeñado un importante y mortífero papel de destrucción. O sea, que ya eran por mí conocidos.
En cambio tengo que reconocer que los drones me eran prácticamente desconocidos hasta el conflicto de Rusia contra Ucrania. El diccionario de la RAE define dron como “aeronave no tripulada”, o sea vehículo aéreo que se desplaza sin tripulación y que, a diferencia del misil, no tiene solamente fines bélicos.
La primera vez que yo vi un dron fue en el año 2018 en Menorca, cuando con mi mujer Angelina visitábamos un faro. Al querer mi mujer fotografiarlo con la cámara de su móvil, el dron puso su mecanismo en polvorosa y desapareció.
La tercera palabra que hoy encabeza mi blog semanal es arancel. Si me hubieran preguntado hace un par de años qué son los aranceles, me habría pasado como con los drones. O sea, habría tenido que recurrir al diccionario de la RAE, que define arancel como “tarifa oficial que determina los derechos (impuestos) a pagar, generalmente en aduanas por la importación de productos, o para remunerar ciertos servicios profesionales”. En otras palabras, un arancel es la tarifa oficial determinante de los derechos que se han de pagar en varios servicios, como el de costas judiciales, aduanas, etc., o establecida para remunerar a ciertos profesionales.
La mayoría de los mortales nos hemos familiarizado con esta palabra por los aranceles que el presidente de los Estados Unidos ha amenazado imponer a productos en los que haya un déficit comercial de EE.UU. frente a otros países, por ejemplo, respecto a España, el aceite de oliva, el vino, el jamón, la cerámica y la automoción. Así, al encarecer el producto venido de fuera, el mismo fabricado dentro del país se vuelve más competitivo en precio para sus ciudadanos.
Ahora bien, si el país cuyos productos son objeto de tal impuesto responde imponiendo aranceles a los importados del otro país,, se entra en una guerra comercial que a nadie beneficia. El consumidor del producto gravado con un arancel tiene que pagar más por el mismo, tanto en el país exportador como en el importador.
Confío en que esta explicación de un profano en el tema de los aranceles haya aclarado algo a mis lectores.
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